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"LOBOS CON PIEL DE CORDERO

UNA FÁBULA MODERNA"

Raúl había puesto muchas esperanzas en su prospecto. De hecho, ella (porque era una mujer) le había hablado en varias ocasiones sobre su intención de comenzar cuanto antes el negocio. Tenía ganas y decisión.

Había revisado la información sobre la compañía y la empresa que le había proporcionado, asistió a la conferencia virtual donde conoció a su futuro patrocinador, y había tomado la decisión de incorporarse al equipo de Raúl.
La cosa estaba hecha.

Raúl era un networker profesional. Él, por su parte, había empleado tiempo y energía en responder todas las preguntas que Susana le planteó, solucionó todas sus dudas, y había demostrado sobradamente que estaba listo para ayudarla en su nueva actividad.

Susana, como puedes adivinar, era su prospecto.

Él vivía en España. Y ella en Venezuela.

Ambos se conocieron a través de Internet. Raúl logró captar la atención de Susana, que andaba buscando un negocio desde casa, y después de entrar en la página web de Raúl y ver la información que él le proveía, definitivamente estaba convencida.

Iba a firmar su registro con Raúl. Perfecto.

Claro que la distancia podía ser un inconveniente, ya que él debía enseñar a trabajar a Susana, mostrarle sus herramientas de negocio, y ya se sabe que cuando no tienes delante a la persona en cuestión, las cosas pueden resultar más complicadas….

En ese punto de la negociación, Susana manifestó su deseo de conocer a otras personas que estuvieran realizando ya la actividad con la empresa en su zona,

Con toda la confianza del mundo, Raúl decidió ayudar a Susana, poniéndola en contacto con Esther, su línea ascendente en Venezuela.

Esther podía ayudar a Raúl a enseñar a Susana, estaba en su mismo país, y podrían conocerse en persona, de manera que Susana se sentiría más arropada y tranquila, sobre todo al comienzo.

Dicho y hecho. Esther, muy atenta, no tuvo inconveniente en contactar a Susana (al fin y al cabo pertenecería también a su equipo) y en darle la información necesaria para que tuviera un buen comienzo…

Pero, desafortunadamente, Esther era una líder muy importante en la empresa, y estaba tan ocupada, que no podía atender personalmente a Susana, así que decidió que la "conectaría" con un grupo de distribuidores, pertenecientes a su equipo también, pero de otra rama diferente a la de Raúl.

Así pues, Susana comenzó a asistir a entrenamientos con este grupo de su zona, entre los cuales se encontraban varios líderes muy comprometidos con su negocio, los cuales la introdujeron en los primeros aspectos de la actividad….

Al principio, todo fueron sonrisas y brazos abiertos: "No te preocupes, Susana, eres bien recibida. Aquí podemos apoyarte y entrenarte, como uno más de los nuestros, siéntete en casa"

¡Mas ay! Aquellos corderos mansos y apacibles, fueron quitándose poco a poco sus falsas pieles, para mostrar sus orejas y afilados dientes

"Hombre, Susana, francamente, nosotros sólo entrenamos a fondo a la gente de nuestro grupo, compréndelo…. Si firmaras con nosotros, te sería más fácil acceder a la formación que damos.

Además, con un sponsor tan lejos tu negocio va a ser muuucho más complicado… en fin, pero claro, tú decides"

Aquellos líderes tan desinteresados hicieron temblar la decisión de Susana, que como novata corderilla, casi creyó lo que sus compañeros le decían.

Mientras, en España, Raúl estaba confiado en que su futura distribuidora estaba en las mejores manos… sin sospechar que en realidad, lo que sus compañeros allende los mares pretendían, era quedarse con su distribuidora y firmarla para su propio equipo.

En sucesivas comunicaciones, Susana le mostró sus dudas, ya no sabía si firmar con él ó no. Pero Raúl era un networker de primera división. Así que, en lugar de jurar, maldecir ó presionar a Susana, sencillamente le dijo:

"Eres libre para firmar con quien te plazca. Si estás más a gusto con ellos, adelante".

Y Susana, que era una mujer inteligente, respondió: "Realmente, tu forma de trabajo fue lo que me atrajo, quiero trabajar con ustedes, que me enseñen todo. Quiero estar con ustedes".

Así que finalmente firmó su registro con Raúl, y en este caso, la historia terminó con final feliz. El justo cobró su recompensa, y los lobos se quedaron con las fauces vacías.

¿Qué podemos aprender de esta historia? Varias cosas.

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